Los errores que has cometido al elegir el colegio de tus hijos

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Los errores que has cometido al elegir el colegio de tus hijos

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A estas alturas, lo suyo es que ya se haya hecho la reserva pertinente en el centro escolar que se ha escogido para matricular a los hijos. Así que poco remedio tiene si usted ha cometido alguno de los errores más frecuentes a la hora de elegir centro. Pero si por alguna circunstancia alguien aún le estuviera dando vueltas a qué colegio elegir para que estudien sus vástagos, y estuviera a tiempo, hay unos cuantos fallos que conviene no cometer a la hora de tomar la determinación. Especialmente si es la primera vez que los vamos a escolarizar, porque es probable que permanezcan muchos años en el mismo sitio y no es una decisión sencilla de rectificar. Unos pequeños consejos de la mano de algunos pedagogos pueden ayudar a clarificar.
Por ejemplo, quizá no ha sido buena idea fijarse en los ‘rankings’ o en las estadísticas basadas en pruebas objetivas. Es un dato que se puede tener en consideración, pero no debe ser determinante a la hora de escoger centro. Las listas de colegios pueden incluir criterios que en realidad no sean tan relevantes. O, por lo menos, no tan relevantes para un niño concreto. Cada uno tiene sus necesidades y los criterios supuestamente objetivos de los ‘rankings’ no suelen decir gran cosa. “Hay que conocer a nuestro hijo y así podremos valorar los factores con mayor criterio”, explica el pedagogo Francisco Javier López.

Otro fallo habitual es no haber tenido una idea global de lo que se pretende, una meta. No se trata de convertir al niño en astrofísico desde Primaria, pero sí tener una perspectiva de lo que se pretende de su entorno escolar. Por ejemplo, algunos colegios, por su precio o por otras circunstancias, restringen ‘de facto’ el perfil socioeconómico del que provienen sus alumnos y algunos padres pueden preferir entornos más plurales.
Un error grave es no haber asistido con antelación a las charlas y visitas que se hacen para los nuevos en el periodo de elección. Entre otras cosas, porque ese puede ser un buen momento para preguntar si la institución tiene un proyecto global educativo o carece de él. El inglés o determinados deportes pueden estar muy bien, pero si no hay una línea educativa establecida de antemano que englobe cada conocimiento y el porqué del mismo, no sirven de mucho. Para López, uno de los déficits más habituales “a la hora de pensar estas cosas es no fijarse en los temas de fondo que luego van a tener peso en años sucesivos”.

Sin prejuicios
¿Público o privado? Otra mala decisión ha sido otorgar a cada uno de estos tipos de centro un prejuicio. Desde los sindicatos de enseñanza se pone el acento en que los centros públicos, especialmente desde la implantación del modelo bilingüe, alcanzan “grandes cotas de calidad educativa”. Por lo tanto, rechazarlos ‘a priori’ tampoco es buena idea. Al menos, asistir a las charlas y conocer a los profesores es muy aconsejable. Lo mismo sucede con colegios religiosos de tipo concertado. Muchos de ellos, a pesar de que uno no desee especialmente ese tipo de centro para sus hijos, tienen un alto nivel educativo. Es decir, desechar los prejuicios al respecto.
Escoger un colegio que está a dos horas de camino no parece lo más aconsejable. Aunque se piense que ese lugar reúne muchas de las características que demandamos, no hay que olvidar que mientras el menor está en el trayecto de ida o vuelta podría estar haciendo otras cosas más interesantes. Precisamente, esas cosas también pueden ser un elemento a tener en cuenta: qué actividades más allá de lo estrictamente académico ofrece el lugar.

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